jueves, 26 de febrero de 2015

12

La loca estaba tirada en la otra habitación desnuda, pero con medias, como siempre al caer el sol. Le dije que me iba a lavar las manos, acariciar la gata no es de mi agrado, lo sabe. Se habrá dado cuenta que en realidad no lo iba a hacer, y no lo iba a hacer nunca más en su baño. Qué cobardía esta, huir así es incontable, aunque sé que quedará entre estas paredes fieles. Lo único que nos une a ambos son códigos. 
Me encontraba sentado en el sillón, el día se venía largo y el viaje más, ¿por qué seguía perdiendo tiempo acá? A ella nunca le dije nada del viaje, sería muy formal contárselo, y muy largo, el tiempo se podía usar de otras maneras mejores para gastarlo en mi aburrido viaje en busca de mi familia, no le interesaría esa historia larga. No me puedo arrepentir ahora de no haberlo nombrado nunca, ya está, me iría por siempre y lo sospecha. 
Sé lo que esta haciendo en este momento, sé que esta rascándose la espalda o limpiándose los ojos, pero no va a hacer nada, no va a preguntar nada, por suerte, ya que si lo hace no sabría que decir. Esta segura que mentiría. Poco tiempo pero sí que nos conocemos, me conoce más que mi propio hermano que aunque en este momento me esta esperando del otro lado del mundo, crecimos juntos.
¡Qué bruto soy! Me lleve puesto la mesita horrible del comedor, si estaba durmiendo ya se despertó. También tiré dos empanadas que sobraron del almuerzo, la gata apareció al instante y empezó a devorarlas. Le saqué una, empezó a maullar. No pude contener la risa imaginando su cara escuchando el desastre que hice por querer salir. La verdad no sé que estará pensando. El ruido me delató. Mejor me voy rápido antes que me den ganas, o antes de dar explicaciones. Probablemente no me las pediría, por eso me voy también. 

miércoles, 25 de febrero de 2015

11

Un hombre charla entusiasta a mi lado con su compañera de asiento. Me llama la atención sus anteojos polarizados, como escondiendo los ojos a medias, no del todo. Quizás así sea su vida. Recién conoce a la mujer con la que charla, lo sé por la timidez con que lo hace. No creo que sea interesante lo que ella dice ya que él cada minuto mira el reloj, desea bajarse ya mismo, le diría que estamos en la misma pero no da. Nuestra diferencia es que él no desea oírla más, no quiere fingir interés y siente remordimiento por sentir eso; yo por suerte no escucho nada. Recién la conoce y no quiere verla más. Pobre mujer, le aconsejaría algo, no sé qué, pero está muy lejos. La distancia lo impide, tendría que haberme sentado a su lado. Por algo no se dio.
Frente a mí hay una mujer que habla por celular, demasiado normal todo. Aunque si lo pienso un poco, quizás esté loca y esté hablando sola. Nunca sabré si en verdad habla con alguien que la espera al bajar o simplemente no haya nadie, y tenga razón. Hay algo de soledad en su forma de mirar, por algo lo pienso. Otra más.
Finalmente, a mi lado izquierdo se encuentra la ventana sucia, así siempre están en los colectivos, incluso más, la próxima traeré un trapito y la limpiaré. A unos metros de ella hay dos negocios, fue lo más llamativo del viaje. Uno vacío y el otro repleto de gente. Cómo todo en este día, como este colectivo repleto y el que se encuentra atrás pisandole los talones no lleva a nadie. Yo quisiera estar ahí atrás pero no sé, caí acá. Que llegue a mi destino por Dios que si miro atrás no hay más que vacío.

martes, 24 de febrero de 2015

10

Hizo algo de ruido cuando se fue. Él nunca lo hace, siempre silencioso para irse y atolondrado para llegar. Me di cuenta. No lo vería nunca más, lo dije tantas veces, pero ese ruido lo gritó prácticamente y pude descifrar lo que quiso decir. Siempre fue lo nuestro así, con gritos y algunas señas, cómo si no supiéramos hablarnos. Dos niños.
Antes de cerrar la puerta de esa manera, escuche la risita. Supe que lo sabia él también, sabía que escuchaba y que era sarcasmo, sarcasmo un poco doloroso, y un aviso a la vez.  Le dolía, claramente, siempre que deja alguna costumbre le duele, nuestra diferencia. Es engreído hasta las uñas, me gana. Orgullosos ambos, ambos malcriados y siempre obteniendo lo que se quiere. Tan innecesariamente iguales... por eso estos meses fueron eternos a su lado. Gran compañero hay que admitirlo, si no fuera igual a mí seríamos amigos, estoy segura.  No nos queríamos más, ese ruido lo demostró. Me desnudo de buena manera, esa fue la parte interesante de la tarde, después del ruido obviamente. Por qué no puse música así no lo escuchaba, si eso hubiera ocurrido en este instante podría estar realizando la cena, o leyendo cualquier cosa, lo que sea era más útil. Pero me encuentro aquí escribiendo esto.  No sé porque me gasto describiéndolo, pero se lo merece, o así lo siento. Después de tanto se merece estos últimos minutos. Él no sabe que se lo merece.
Nunca nos quisimos más que para hacer el amor, que cruel necesidad y que tiempo bien gastado. Pero todo aquello había terminado el día de ayer. Como si te estuvieras duchando en invierno y de repente el chorro sale frío. Así de vulgar fue nuestro adiós. Siendo tan iguales, yo no hubiera hecho aquel ruido, no sé, me hubiera lavado las manos sarcásticamente, la risa se la admito y listo. Un saludo era mucho, palabras eran innecesarias, ambos sabíamos que lo nuestro no son las despedidas sino los encuentros, así tironeándonos y sin contar los días fuimos conviviendo un par de días por semana. Fueron como años.
Después del ruido vino un gran silencio, y estos pensamientos. Fue sano todo, si no lo hubiera comprendido en unos días estaría esperándolo como siempre en aquella esquina.
Última risita, ahora es la mía, y adiós. Puerta cerrada.

jueves, 19 de febrero de 2015

9

Me veía morir. Todo se volvía oscuro, se perdía en esa negrura la diferencia entre la tierra y el cielo. No sabía en donde me encontraba, no me podía ubicar. Es difícil explicar, porque sí, sabía dónde estaba parada, no estaba mareada, pero a la vez no, no sabía. No entendía lo que sucedía, no quería pensarlo. En fin, pasaban los minutos y no llegaba. ¿Estaría errada? ¿No había llegado mi hora? Pensé en esa pregunta, y comprendí. Quería morir, debía morir. A muchos les teme pensarlo, y yo simplemente lo deseaba. No veía otra solución para lo que sentía. No quería más ese miedo. No importa cuanto cueste no lo quería. Nunca tuve este pensamiento suicida, pero no me asustaba tenerlo, quería que se cumpla, no me importaba cómo. 
No quería buscar esta vez, clásico en mi vida. Quería que llegue. Esperaría un rato más, otro clásico. Seguiré escribiendo, cuándo lo deje de hacer habré muerto.

Deseo, deseo. Nada. Era una pesadilla constante, todo comenzó con una sombra, luego un par de golpes. Siguió con la caída. Caer de esa manera fue una señal, pensaba. Fue seca, sin dolor. Muy real. Luego el desmayo... y ya no vi nada más. Esa es la negrura de la que estoy hablando. Entendí que estaba desmayada, que lo único de mi cuerpo que se encontraba activo eran estos pensamientos. Siento que escribo y realmente mis dedos están duros, ¿habré muerto ya? Quiero que se esfume todo, debe ser así, se supone. Esperaré un rato más, clásico, clásico por siempre.

viernes, 6 de febrero de 2015

7

Cómo te mintieron chinito
ven, abrázame
que lindas esas lágrimas
que lindo sacarlas
se deshacen tan rápido como si nunca hubieran estado
casi que me olvido de ellas!

Olvídalas, lo merecen
te lo digo de nuevo
que más da, así se dio
No preguntes, no vuelvas, no sirve
quédate, lo arreglaremos
andando por ahí, no importa dónde
juntos dejándolo atrás
como a un pobre animalito triste
sin mirar

6

Siempre escondiéndote en ningún lado. Cuánto te cuesta vivir, que desgracia hay ante tus ojos, todo azul, todo agua. Lindos. Si que lo son y cuánto haría yo por ellos. Muerdo fuerte con odio, no puedo entender tu dolor, y mira que lo intento. Te cuesta horrores lo sé, cuánto la gente te admira, y vos no ves a tu alrededor, porque no te importa. Que boba e inteligente que sos. Eso es lo que más admiran. Todos esperan una señal para poder ayudarte y no, seguís andando, altanera, triste, y huyendo. Huyendo de vos, pensando en vos, haciendo pensar a los demás. Qué locura tu vida, la inocencia es tu arma y sí que la sabes usar y no lo sabes, no crees en ti y eso es lo que me hace morder cada vez más fuerte porque yo si lo hago. Una vez más te lo digo, altanera linda, cómo me gusta verte bailar, alocada, escapando y sonriendo a la vez. 
Te dedicas a nadar y saltar, nada más. Esos saltos que no te ayudan a escapar, que solo inspiran, no solo a vos lo puedo jurar. Llegas alto, pero caes a los minutos con tu sonrisa otra vez. No sos consciente de tu encierro, de la realidad azul, solo dices que es tan raro todo... ¿de qué color la veras? Hay si hablaras cuánto te ayudaríamos, pero no. No quieres, no te importa, ya lo sé, me lo repito.