La loca estaba tirada en la otra habitación desnuda, pero con medias, como siempre al caer el sol. Le dije que me iba a lavar las manos, acariciar la gata no es de mi agrado, lo sabe. Se habrá dado cuenta que en realidad no lo iba a hacer, y no lo iba a hacer nunca más en su baño. Qué cobardía esta, huir así es incontable, aunque sé que quedará entre estas paredes fieles. Lo único que nos une a ambos son códigos.
Me encontraba sentado en el sillón, el día se venía largo y el viaje más, ¿por qué seguía perdiendo tiempo acá? A ella nunca le dije nada del viaje, sería muy formal contárselo, y muy largo, el tiempo se podía usar de otras maneras mejores para gastarlo en mi aburrido viaje en busca de mi familia, no le interesaría esa historia larga. No me puedo arrepentir ahora de no haberlo nombrado nunca, ya está, me iría por siempre y lo sospecha.
Sé lo que esta haciendo en este momento, sé que esta rascándose la espalda o limpiándose los ojos, pero no va a hacer nada, no va a preguntar nada, por suerte, ya que si lo hace no sabría que decir. Esta segura que mentiría. Poco tiempo pero sí que nos conocemos, me conoce más que mi propio hermano que aunque en este momento me esta esperando del otro lado del mundo, crecimos juntos.
¡Qué bruto soy! Me lleve puesto la mesita horrible del comedor, si estaba durmiendo ya se despertó. También tiré dos empanadas que sobraron del almuerzo, la gata apareció al instante y empezó a devorarlas. Le saqué una, empezó a maullar. No pude contener la risa imaginando su cara escuchando el desastre que hice por querer salir. La verdad no sé que estará pensando. El ruido me delató. Mejor me voy rápido antes que me den ganas, o antes de dar explicaciones. Probablemente no me las pediría, por eso me voy también.