viernes, 22 de abril de 2016

30

Es increíble como el recuerdo sigue intacto, te veo en la mesa. Que bueno. Gracias. Que rica la comida. Gracias una vez más. Te quiero. Quién lo sabría.
Te encontrabas sentado comiendo ñoquis, ese es mi último recuerdo. No sé de donde vendría yo ni hace cuando no te veía, pero te abracé. Nunca más te iba a ver, nunca más con los mismos ojos, en el fondo lo sabía, es probable. A veces creo comprenderte, claro. Que triste esa mirada. Vaya a saber uno por los pantanos en los que anduviste mientras yo ni existía o mientras dormía. Vaya uno a saber de tus amores, tus locuras y tristezas. Me imagino ayudándote, sacando esas broncas, jugando.
Otras veces duele, arde y la comprensión que alguna vez rodeo mi mente se va por la vanquina y muerdo y extraño. Te extraño, porque sos ese mundo distante, esos años desconocidos para mi, y te llevo en los ojos vaya a donde vaya, lo quiera o no. 
Y te quiero una vez más porque solo te veo en mi cabeza, estás allá y yo acá y así tiene que ser, porque así me lo dicen todo el tiempo y a una no le queda más remedio que creer. 


martes, 19 de abril de 2016

29

Cuando alguien se llevó consigo la primavera comprendí que no tenia miedo más grande que mi propia compañía. Aunque las ganas de sentir se las llevó el viento, yo solo quiero independizarme de todos los fantasmas.

domingo, 10 de abril de 2016

28

Maga, vamos componiendo una figura absurda, dibujamos con nuestros movimientos una figura idéntica a la que dibujan las moscas cuando vuelan en una pieza, de aquí para allá, bruscamente dan media vuelta, de allá para aquí, eso es lo que se llama movimiento brownoideo, ¿ahora entendés?, un ángulo recto, una línea que sube, de aquí para allá, del fondo al frente, hacia arriba, hacia abajo, espasmódicamente, frenando en seco y arrancando en el mismo instante en otra dirección, y todo eso va tejiendo un dibujo, una figura, algo inexistente como vos y como yo, como los dos puntos perdidos en París que van de aquí para allá, de allá para aquí, haciendo su dibujo, danzando para nadie, ni siquiera para ellos mismos, una interminable figura sin sentido.