Es increíble como el recuerdo sigue intacto, te veo en la mesa. Que bueno. Gracias. Que rica la comida. Gracias una vez más. Te quiero. Quién lo sabría.
Te encontrabas sentado comiendo ñoquis, ese es mi último recuerdo. No sé de donde vendría yo ni hace cuando no te veía, pero te abracé. Nunca más te iba a ver, nunca más con los mismos ojos, en el fondo lo sabía, es probable. A veces creo comprenderte, claro. Que triste esa mirada. Vaya a saber uno por los pantanos en los que anduviste mientras yo ni existía o mientras dormía. Vaya uno a saber de tus amores, tus locuras y tristezas. Me imagino ayudándote, sacando esas broncas, jugando.
Otras veces duele, arde y la comprensión que alguna vez rodeo mi mente se va por la vanquina y muerdo y extraño. Te extraño, porque sos ese mundo distante, esos años desconocidos para mi, y te llevo en los ojos vaya a donde vaya, lo quiera o no.
Y te quiero una vez más porque solo te veo en mi cabeza, estás allá y yo acá y así tiene que ser, porque así me lo dicen todo el tiempo y a una no le queda más remedio que creer.