miércoles, 11 de marzo de 2015

15

Sospechaba que ese podrido animal me tendría una trampa. Su manera de caminar llevando esos pelos enredados no me fiaban. No tengo derecho a echarlo de la casa, es un gato muy astuto, mejor tenerlo cerca que lejos. Aparte aunque esta no sea su casa, tampoco es la mía. Si lo dejo salir al mundo contará mis secretos y  le facilitaría las cosas para destruirme, definitivamente se queda. 

Todo comenzó aquella noche, encontré la casita, y me apropie de ella, sin saber si mi compañero el gato hace años esta ahí o entro por la ventana rota, quizás después de que llegara yo. Si hubiera estado seguro que yo llegué primero, tendría derechos de ordenar y elegir las reglas de convivencia, pero no lo sé. Y si en verdad él se encontraba aquí desde antes, lo que es más probable, no me queda otra que deshacerme de él antes de quedar de patitas en la calle, con esta muda de ropa, y pronto viniendo el cruel invierno a congelar en un principio mis dedos. Todo por un gato, yo puedo con este animal demoníaco.

El plan:
He observado como comienza un día de este gato tan fríamente particular. No sé si duerme, pero sé lo que hace cuando yo me despierto obsesivamente a las 10 am. Huye por el agujero de la ventana, de una manera en que cualquiera pensaría que tuvo una pesadilla y no va a volver jamás. Y así pasa una hora exacta hasta que llega mi desilusión. Entra con una rata ya algo moribunda, que va a matar de desayuno, lo hace de una manera tan escalofriante que aunque sea diminuto a mi cuerpo, me siento una hormiga viendo su crueldad. Y así empieza mi amargado día, observándolo. 
Bueno, les comento los pasos a seguir: él entra por la ventana rota, también tiene algunos rasguños del vidrio ya que es justo del ancho de su cuerpo, y cae al colchón que hay debajo. Probablemente el astuto lo corrió hasta allí, nadie dormiría con una ventana rota sobre su cabeza, o eso creo. Primero deja caer la rata y finalmente, cae él. Se me ocurre al observar esta situación que puedo conseguir pedazos de vidrio y engancharos en ese colchón sucio... y ahí me imaginé un vidrio cruzando el organismo del gato, destrozándolo internamente de la manera más dolorosa y me veo poniendo mis manos en sus pedazos, sumando una adrenalina en mi interior, todo sería perfecto.



Si tuviste la desdicha de encontrar esta carta entre los trapos de la entrada, sabrás que no pude contra él. El consejo que te doy es que busques otra casa, aunque sientas lo especial que está es, aunque seas el hombre más fuerte, quizás sea solo un gato pero ese maldito gato ya tiene un plan de antemano.

Atte un desgraciado.

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